miércoles, 9 de febrero de 2011

Pablo ¿cuándo me vais a dar una alegría?


Lectores del blog, Pablo Ramos os odia.

Y no por ser el elegido a inaugurar esta página a la que no damos ni siquiera titulado decentemente. No, os detesto y me dais asco sólo por seguir este blog. Éste y en realidad cualquiera en el que os paréis para comentar en el mundo virtual que nos rodea. Si realmente tenéis tiempo de leer esta basura de comentario es que vuestra vida es una auténtica mierda que ni merece ser vista en un último flash antes de pasar al otro lado. Tampoco pienso darte ninguna alegría, María. No es porque no quiera, sino porque soy incapaz. Te estarás preguntando por qué, ya que fuiste tú la que lanzaste esta pregunta. De hecho, lo más probable es que no tenga ni que llamarte la atención con una frase potente al principio del texto. Sí, se que te vas a leer esto aunque sea un aburrimiento, aunque el escrito no tenga ritmo o los párrafos estén mal diferenciados. Es la diferencia entre pagar por escribir y cobrar por leer. Tenía que salir ganando en algo.

El por qué del cual no puedo hacerte feliz es mas bien un problema generacional. Y te diré por qué:

Se suponía que con la aparición de Internet todos seríamos más libres, nos democratizaría, pero lo único que nos ha administrado es la visión de cualquier vídeo ridículo en la red y el acceso las 24 horas a la pornografía. Puedes escoger hasta el tamaño de tetas, pies, culo…incluso si la quieres bizca o con patas de gallo.

¿Qué fue de la gente que se ponía a escribir un libro, un escrito, un artículo? Nuestra generación ahora “bloggea”. ¿Qué fue de aquellas buenas conversaciones profundas que se tenían antes cara a cara? Ahora se chatea. Cada día parecemos más retrasados. Involucionamos hasta la edad de los cavernícolas a pasos tan agigantados como idiotas se hacen un blog. La realidad de esta vida que nos rodea no es otra que esta: un capullo pseudo-comunicándose con otro capullo sobre qué capullada hizo otro capullo a millones de kilómetros y decidió colgarlo en una página en la cual lo vieran el resto de capullos.

Si nos dedicáramos más a la escritura y a las relaciones reales podríamos realmente aprovechar esta oleada de nuevas tecnologías como las blackberries, los Iphones, los smartphones, los ordenadores… creadas para servir un fin mayor que ver el último vídeo de un mono estornudando mientras se está comiendo sus propias heces. Parece que ahora esta tecnología está en manos de pajilleros con el único fin de saciarse y satisfacerse a base de morbo y toneladas de sexo artificial.

Ya no tenemos ni idea de lo que es coger un bolígrafo. De lo que es desconectar de la tecnología y plasmar lo que sentimos en una hoja de papel. No sabemos vivir sin las redes sociales. Y menos sin escribir gilipoyeces como “ntc” o “tqm”. De hecho ni sabemos lo que es escribir. Cuando caminamos por la calle estamos ensimismados con lo que pone el móvil y no levantamos la cabeza al cielo. ¿Qué está la humanidad en penitencia? Ya no recitamos ningún poema a cualquier mujer para cortejarla. Ahora es cuestión de mandarle “un privado”. Se dice que somos la generación basura. La que no hemos tocado ni un libro en nuestra vida. La que no tenemos ni idea de nada. La que nos lo han dado todo hecho y en bandeja de plata. ¿No te das cuenta con qué te ha tocado lidiar?

Y tú, María, aún me preguntas para cuando una alegría

(Mi siguiente pregunta va para Isabel: ¿Por qué el queso de untar olía a plastilina?).

4 comentarios:

  1. Parece que entramos en tu estadísticas de capullos que se hacen un blog, ;)

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  2. a ver si la próxima vez me contestas a la pregunta

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  3. Iba a terminar el blog así con un insulto hacia mi propia persona por participar en este blog, pero decidí cerrarlo de la otra forma.
    Te he contestado a la pregunta! No somos capaces de darte una alegría porque somos la generación "retrasada"! ;)

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